Aunque no escribir nada desde no sé cuando podría interpretarse como un síntoma de evidente dejadez divulgativa y postal, nada más lejos de mi intención. En este claro contexto va uno un día, abre el gemail, y se encuentra con un comentario de Folken que le notifica la aparición de una peli de vikingos, y uno se acuerda de su deber de hinformar y de eso de renovarse o morir y se dice "coño, un tema inédito en este blog, veamos que podemos aportar en este campo no sea que me caduque la contraseña y la pasta deje de fluir de manera inagotable".
Argumento
Jon Kabiezes es Kainan, su profesión es colono exterminador y tiene un corte de pelo tipo aizkolari navarro. Su nave espacial se gripa y cae en Noruega -no sé en qué siglo porque en el screener se veía cortado-, recupera de su nave un kit de supervivencia y saca un ordenador con linux-csi miami que le hace un zoom gúgel eerz, un resumen de la situación y le enseña noruego en diez segundos a base de flashazos oculares, después coge un arma y achicharra un abeto dando asi buena muestra de su belicosidad, se mete en el bosque y el primer vikingo que llega le hace prisionero, perdiendo su arma achicharradora.
El vikingo lleva al prisionero a su poblado, capital del reino de Ródgar, que no es otro que John Hurt con dos trenzas en el pelo y otras dos en la barba. El chico les dice que cuidao que hay un mostruo -que en realidad es el último individuo de una especie inteligente-, no le hacen caso y a partir de aqui, se produce un irrefenable ascenso en la escala social de Jon Kabiezes desde prisionero susceptible de ser torturado hasta llegar a ser rey vikingo.
Evidente conclusión
Creo necesario aclarar que el anterior resumen argumental está muy condicionado en su brevedad por el hecho de que me quedé sobado varias veces en el transcurso de este film. A ver si me explico, el principio es muy vibrante: una nave que se acerca a la tierra y cae a plomo hasta darse un gran hostión en pleno territorio vikingo, y un tío que sale de la nave y que se queda en camiseta sin mangas en cuanto ve que hay montañas nevadas, ríos y bosques. Resulta difícil imaginar un inicio más espectacular y prometedor. Pues no, resulta que el hecho de que sea una peli de vikingos es algo circunstancial, realmente es una peli de las de "hay un mostruo pero no se le ve". Se intenta mantener un equilibrio: llevan hachas de doble filo y escudos redondos de madera con refuerzos de hierro, viven en un poblado rodeado de una empalizada de troncos y tienen una sala destinada a los guerreros donde bellas vikingas les sirven hidromiel hasta caer redondos. El puto paraíso. Entonces aparece la bestia, el bicho, amenazando esa idílica existencia y destripando sin que se le vea bien ni un momento, un no verle que es lo que pone de los nervios a los vikingos, que hábilmente delegan el marrón en un Jon Kabiezes al que no le queda otra opción que responsabilizarse de su propio corte de pelo, un mesías aizkolari al que su condición de ausländer le encamina inexorablemente hacia una batalla contra el mostruo que no se ve nunca, en esas interminables y aburridas escenas nocturnas filmadas con menos luz que la madre que los parío. Para desgracia de todos, lo que podía haber sido una innovadora peli de unos vikingos y un ausländer mesías aizkolari, se convierte en un film que cuando aparece el bicho, aprovechas y te echas una siestecilla.
Sin embargo, no seamos negativos y hagamos un esfuerzo mental. Puesto que me dormí durante el visionado y lo de que el tío al final se convierte en rey lo sé por referencias islandesas, es más que posible que el mesías decidiera buscar su arma abeto-achicharradora, matara rápidamente al bicho que no se ve nunca, y emprendiera un ambicioso plan mesiánico con la ayuda del ordenador con linux-csi miami y con el resto de cosas que sin duda tenía que haber en el kit de supervivencia que rescata de su nave. Un náufrago del futuro pasado hablando noruego coloquial antiguo en un planeta extraño. Un exterminador de especies racionales apenado porque su honrado trabajo ha sido causa de la muerte de su familia. Sólo y perdido en un planeta primitivo, el mesías aizkolari descubre fascinado el modo de vida típicamente vikingo: alegres veladas todo pedo haciendo exhibiciones de destrezas varias, interminables y etílicas charlas entre los partidarios del comercio y los defensores del saqueo tradicional, y esa eufórica constatación de la increíble suavidad del ojal de la mujer escandinava.
Visto el panorama, el mesías aizkolari deviene en acreedor de su propio papel de mesías, renuncia voluntariamente a su aizkolaridad y auslanderismo, y asume modestamente un titánico y evangelizador papel educativo y cultural a dos bandas. Por una parte, la población masculina debe reconocer que su entrenamiento como xenocida y el arma achicharradora son partes inseparables de una ecuación cuyo resultado es que, o están con el pico cerrado, o se procederá a una generosa repartición hostial; y por otro lado, abolir el atávico machismo imperante en la sociedad vikinga, creando un nuevo orden moral en el que las mujeres puedan participar libremente en actividades por y para ellas, cómo pueden ser los concursos de camisetas mojadas; y aprovechando las posibilidades de su único y potente ordenador [1], crear una red social guapa en la que cada una de ellas disponga de su propio blog a fin de poder exponer públicamente las cosas que realmente importan: lo bueno que está Gunnar con esa nueva capa de oso, lo arpía que se ha vuelto Inga desde que se ha echado novio, o lo difícil que resulta elegir entre un jabón con aroma a lilas o frutas del bosque.
