Cuando una persona mayor de edad piensa que el complemento ideal para su imagen es colocarse delante de un ventilador para que su pelo ondee en plan épico, podemos hacernos una idea de la profundidad psicológica del sujeto. Si vemos que esa persona se pone no uno, sino dos ventiladores a la vez, y que adopta siempre un simpático gesto de estar en la cima del mundo, es cuando ya el observador, en este caso el televidente, apenas puede refrenar las ganas de darle un sincero abrazo y abarcar con nuestros bracitos de humanos normales ese tórax digno de un dios griego. Pero cuando, por casualidad, descubrimos que esa persona tiene un nombre que sugiere un origen castellano-leonés y sin embargo habla con una especie de acento italiano, es que ha llegado el momento de escribir un post homenaje que deje clara nuestra admiración. En primer lugar, por ese sistema educativo tan telegénico de hacer hincapié, inventar y exagerar los defectos ajenos mostrando una adorable mala hostia, algo que a mi personalmente me provoca una inmediata mezcolanza mental de imágenes con protagonismo de botas militares y bates de béisbol. En segundo lugar, y comprobad que no se me caen los anillos al decirlo, por lo bueno que está, y es que el cabrón -permitidme este apelativo cariñoso- cuando pone morritos o se cabrea, se pone superguapo, no sé si os habéis fijado.
Categoría: Homenajes
Unas imágenes emitidas por televisión durante este fin de semana han conseguido despertar mi casi adormecido instinto solidario. Unos escasos segundos catódicos en los que fui testigo de uno de los más terribles sufrimientos a los que una persona puede verse sometida. Lo que para cualquiera sería una insoportable tortura, para este personaje televisivo se convierte en una tímida mención a un ligero malestar, un estoico “sufro (mucho), pero dejadme con mi dolor que no quiero molestar a nadie”…
Me encontraba yo cómodamente reposando en el sofá cuando di por casualidad con uno de esos momentos mágicos que nos proporciona el zapping. En la pequeña pantalla apareció un avance de “Supervivientes” en el que, de repente, vi un rostro conocido. En posición tumbado sobre una toalla o estera y con grandes aspavientos y gestos de dolor, decía y repetía una y otra vez “aaah es insoportable, lo tengo en carne viva, aaaaarrgh que dolor, yo creo que se me va a pasar al otro moflete, uuuuuff maldito furúnculo…”. Si, amiguitas y amiguitos, éste fue el momento en el que tuve conocimiento de que Pipi tiene almorranas, y que este hecho debe ser considerado de interés nacional y motivo de solidaridad galáctica.
El programa Supervivientes consiste en que están en una isla o algún sitio parecido, que lo tienen bastante jodido por la poca comida, las condiciones de vida, la abundancia de simpáticos bichos chupapicadores y las pruebas que les ponen. La gente suele adelgazar bastantes kilos. Es divertido ver como se mosquean, como alguno se empieza a rajar al mismo día de llegar, como se dan puñaladas traperas o como se ponen a currar cuando la cámara está delante. Es un programa que saca lo mejor y lo peor de cada uno con el divertido aderezo de estar puteados en un entorno extraño y tropical. Me imagino que os suena el formato.
Al terminar el avance antes mencionado, inmediatamente miré a mi churridöttir -inagotable fuente de información en estos casos- que tuvo la amabilidad de explicarme que lleva así desde el principio del programa. No se sabe con seguridad si lo ha dicho un par de veces y lo han repetido mil o, como yo sospecho, lo dice mil veces al día. El caso es que dicha confesión y las circunstancias de ésta, provocaron en mi persona un inmediato instinto solidario, una gran preocupación por el estado del ojete de Pipi, un desmesurado interés por conocer todos los detalles en la evolución de unas almorranas que se han convertido en causa de insomnio para cientos de miles de españoles.
Pipi, persona de la que se dice que cobró cincuenta millones de pesetas por un paquete que incluía un “Salsa Rosa”, uno o varios “A tu lado” y -como parece- “Supervivientes”, es un famoso por derecho propio, de los que a mi me gustan, de los famosos con nivelón. Atractivo según dicen, con alerones en el pelo y periodista deportivo; su fama de exitoso don juan le precede. No puedo decir que me caiga mal, ni lo contrario. La escena antes comentada se clavó en mi celebro, mi mente reconstruía la situación y me imaginaba al periodista, presa del dolor, disimulando su sufrimiento con una esforzada sonrisa para que los espectadores y sus propios compañeros podamos seguir con nuestras vidas sin tener remordimientos de conciencia ante uno de los hechos más impactantes que recuerdo.
El ojete de Pipi, su “furúnculo” -como él mismo dice-, esas almorranas colocadas en salva sea la parte y que provocan mi solidaridad más completa y asnal. Ahí esta el tío, aguantando como un campeón ese intenso dolor en su ojete, reprimiendo las ganas de contárselo a todo el mundo, consiguiendo disimular su sufrimiento físico de una manera tan estoica que a su lado el Stallone más sufridor parece una niñita llorona de tres años, portándose como un auténtico caballero al ahorrarnos detalles y silenciar la penetrante pupita que le aqueja en el mismísimo agujero de su descansado culo de pijo engominado.
Yo soy una persona que -por suerte- tiene el culo en perfecto estado de revista, no me aqueja ese problema tan doloroso y molesto, pero me imagino que una almorrana, sometida al benigno clima tropical, tiende a convertirse en almorranón. Tiemblo al pensar en el trance por el que debe pasar esta persona, me lo imagino intentando aliviar su picor con un buen rascamiento en público -espero que T5 no nos prive de esas imágenes-, y posteriormente preparando con sus propias manos un higiénico tentempié comunitario, o comunicando elegantemente a sus compañeros “voy a refrescarme el ojete, que lo tengo como un bebedero de patos”. Me pongo solidario, no lo puedo evitar; fíjate tú como aguanta el tío, con el ojete en carne viva, sin que una queja salga de su boca, sin querer ni desear la lógica simpatía que provoca en todos nosotros un ano masculino dolorido.
Una persona que se puede ir cuando quiera del programa, pero que ahí está, como un verdadero cimmerio, regalándonos los sentidos y toda la sensibilidad en general con el interesante relato de sus penurias culeras. Intensos debates se producen en todo el estado: ¿debe la cadena ofrecer la cauterización en directo y sin anestesia de ese ano dolorido?, ¿le serviría de alivio que un mandingo superdotado le aplicara pomada calmante?, ¿debe haber un especial dedicado al magullado orificio rectal de Pipi?, ¿sacará beneficio económico de tener el cacas en un estado tan lamentable?, ¿costaría tanto ponerle una cámara web en todo el culo que nos informe al instante de los avances de ese marrón en el trasero?
Sirva este post como homenaje elegante y solidario al ojete de Pipi y al intenso padecimiento de una persona que, como tantos otros, sufre en silencio sus hemorroides. Ojalá que el agujero de su culo encuentre la paz y el frescor máximo, y que pueda regresar en breve a la madre patria para seguir informándonos -como todo un caballero- sobre la evolución de su ano, ese ojete torturado por el dolor y el sufrimiento más cruel del que se haya tenido noticia jamás en la historia de la humanidad.
Volver un momento de un retiro existencial para un merecido homenaje al canal Natura. Ver bichos en vez de ver horteras asesores inmobiliarios marbellís o morros de campanario. Tener un tema de conversación con fundamento cuando estemos paposos en un macrobotellón. Ted Bundy y la Charlize Theron de Monster. Se acerca el verano y un sentimiento de optimismo flota en el ambiente. Allá va...
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Existe la creencia de que los animales son seres irracionales: como no vemos en ellos la capacidad humana de pensar y concebir ideas, imaginamos que son esclavos de sus instintos y que no tienen la capacidad de amar u odiar. Grave error. Hay numerosos ejemplos que contradicen la anterior afirmación y uno de ellos es el que hoy os presento: el demonio de Tasmania, un simpático y bonachón marsupial de unas costumbres amatorias tan finas y delicadas que es considerado como el Casanova de los mares del sur .
El demonio de Tasmania es un animal solitario. Durante el año, machos y hembras viven separados porque no soportan la compañía mutua. Al llegar la época de celo, el cuerpo de la hembra produce unas hormonas que, literalmente, vuelven loco al macho. Durante tres interminables días, el macho rapta a la hembra, la lleva a su guarida y la viola sin compasión ni miramientos. No solo hace de la hembra un objeto sexual sin voz ni voto, sino que descontrolado totalmente, se olvida de todo rastro de educación y tacto que pudiera tener un animal con una pinta tan asquerosa para, además, acompañar el frenesí de su actividad sexual con una buena dosis de dolorosos mordiscos y arañazos.
La hembra aguanta este proceso porque no le queda otro remedio. La naturaleza -tan peculiar ella- provoca que las mismas hormonas que vuelven loco al macho, sirvan para dopar a la hembra y mantenerla sumisa; sin embargo, la hembra es plenamente consciente del proceso. Día tras día y polvo tras polvo, la hembra ve crecer su rencor y odio hacia el macho que la domina totalmente; se ve objeto de una actividad dolorosa y no consentida. Drogada por su propio cuerpo y privada de comida y agua, se ve protagonista de una snuff movie de bajo presupuesto en la que es humillada, torturada y violada una y otra vez por un cabronazo seboso y peludo que grita y gruñe de placer como una rata asquerosa.
Al término de los tres días, el encuentro de la feliz pareja llega a su fin, sin producirse nunca un intercambio de números de teléfono; aunque no se puede tener una total certeza, seguramente el macho estará deseando tomar un chocolate con churros y meterse a la cama a sobar. La hembra, sin embargo, está de muy mala hostia. Recuperada su movilidad y disueltos los efectos de la droga hormonal, se da cuenta que -una vez más- ha pillado con un pedazo de cerdo que la ha tratado como una piltrafa y que seguramente le ha dejado un bombo como regalo de despedida. Pobre del macho que en esos momentos se acerque, el más ligero piropo provocará en la hembra una reacción en la que el deseo de venganza será el protagonista, aplicando dolor de manera brutal e indiscriminada a cualquier representante del género másculino que se cruce en su camino.
Invariablemente, tres semanas después la hembra adopta la posición de alumbramiento y entre muestras de dolor pare su camada. Decenas de pequeños demonios, del tamaño de un grano de arroz, intentan llegar a la bolsa marsupial. Aquellos que consigan agarrarse a un pezón, tendrán una oportunidad de sobrevivir, los que no lo consigan servirán de abono natural para la guarida o de aperitivo para la madre. Meses después, los demonios ya crecidos juegan entre ellos y con su madre. El juego favorito de las crías macho consiste en subirse a la espalda de su madre e intentar inmovilizarla mientras gritan y la arañan y muerden.
En 1527 el gobernador Pánfilo de Narváez zarpó de Sanlúcar de Barrameda al mando de una flota de cinco navíos con destino a América. Su misión era la conquista de las tierras de La Florida. Cuando tras algunas peripecias consiguieron llegar, unos 300 hombres “tomaron posesión” de los nuevos territorios para mayor gloria de su majestad. A partir de aquel momento todo les comenzó a ir mal. Indios hostiles, mosquitos, malaria, disentería, naufragios, hambre, sed, frío, esclavitud…tras la muerte del gobernador, Alvar Núñez Cabeza de Vaca quedó al mando de la expedición; o lo que quedaba de ella. Perdidas todas sus pertenencias, ropas y armas; y tras seis años de cautiverio, él y otros tres compañeros lograron huir y se lanzaron a una peregrinación de ocho mil kilómetros a través de La Florida, Alabama, Mississippi, Luisiana, Tejas, Nuevo Méjico, Arizona y México.
Todos hemos pensado alguna vez en hacer un viaje por el sudoeste de EEUU, Cabeza de Vaca se adelantó a su tiempo y no tuvo otro remedio que protagonizar un “On the road” psicodélico de diez años de duración, un verdadero reality show de supervivencia extrema ante el cual nuestros problemas cotidianos parecen las quejas de unos niños pijos. Ante los alucinados ojos de los exploradores, se abría un mundo nuevo y desconocido; unas nuevas tierras, costumbres y gentes, que -como pasa en todas partes- en unos casos eran amables y hospitalarios y en otros, unos taimados y grandísimos cabrones.
Que me pasen un pdf con esta historia (Naufragios), no sé si considerarlo un favor o una putada. Aunque se entiende todo perfectamente, es castellano antiguo y nos encontramos con que la redacción es un poco farragosa y no hay ni un solo punto y aparte. Me ha ayudado mi afición por leer cosas antiguas, ya que nunca sabe uno cuando va a tener que viajar en el tiempo para resolver algún problemilla en el continuum espacio-tiempo, ya me entendéis. Aprovechad porque he seleccionado lo que me ha parecido lo mejor de entre lo mejor, y además, comentado por mi mismo; para un "mejor" aprovechamiento del texto.
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La isla del Mal Hado, la moda masculina
La isla del Mal Hado (East Island, Luisiana), donde Cabeza de Vaca disfrutó de una estancia de seis años, era una pacífica tierra llena de gente amable que suspiraba por hacer la vida agradable a todo visitante que pasara por allí. La moda masculina sorprendió a nuestros visitantes por su elegancia, sencillez y funcionalidad. El secreto del éxito se basaba en una combinación de: elección de materias primas de primerísima calidad y un corte sobrio y austero pero lleno de luminosidad; estos elementos unidos a unos discretos piercings, convertían a los indígenas en personas dignas de toda confianza a los ojos de unos exploradores europeos del siglo XVI.
La gente que allí hallamos son grandes y bien dispuestos; no tienen otras armas sino flechas y arcos, en que son por extremo diestros. Tienen los hombres la una teta horadada por una parte a otra, y algunos hay que las tienen ambas, y por el agujero que hacen, traen una caña atravesada, tan larga como dos palmos y medio, y tan gruesa como dos dedos; traen también horadado el labio de abajo, y puesto en él un pedazo de caña delgada como medio dedo.
Cómo se convirtieron en hombres-medicina en la isla del Mal Hado
La isla del Mal Hado (con el nombre que le pusieron no podía ser de otra manera) resultó ser un lugar encantador, lleno de lujo y confort y la práctica de la medicina se convirtió en una afición muy bien pagada; nuestros exploradores -gente muy bien formada en este campo- aprovecharon su estancia para ampliar estudios y experiencias, intentando alejar a sus amables huéspedes de usos y costumbres desfasados por las más modernas técnicas sanitarias del otro lado del océano.
En aquella isla que he contado nos quisieron hacer físicos sin examinarnos ni pedirnos los títulos, porque ellos curan las enfermedades soplando al enfermo, y con aquel soplo y las manos echan de él la enfermedad, y mandáronnos que hiciésemos lo mismo y sirviésemos en algo […] nos vimos en tanta necesidad, que lo hobimos de hacer […]. La manera que ellos tienen en curarse es ésta: que en viéndose enfermo, llaman un médico, y después de curado, no sólo le dan todo lo que poseen, más entre sus parientes buscan cosas para darle. Lo que el médico hace es dalle unas sajas adonde tiene el dolor, y chupanles al derredor de ellas.
Dan cauterios de fuego, que es cosa entre ellos tenida por muy provechosa, y yo lo he experimentado, y me sucedió bien de ello; y después de esto, soplan aquel lugar que les duele, y con esto creen ellos que se les quita el mal. La manera con que nosotros curamos era santiguándolos y soplarlos, y rezar un Pater noster y un Ave María, y rogar lo mejor que podíamos a Dios Nuestro Señor que les diese salud [...] Quiso Dios nuestro Señor y su misericordia que todos aquellos por quien suplicamos, luego que los santiguamos, decían a los otros que estaban sanos y buenos, y por este respecto nos hacían buen tratamiento, y dejaban ellos de comer por dárnoslo a nosotros y nos daban cueros y otras cosillas.
De la abundancia de aquellas tierras y las comilonas que allí había
La riqueza y abundancia en alimentos de las tierras americanas sorprendió a la expedición, y las costumbres culinarias indígenas fueron objeto de contínuos y grandes elogios; este aporte calórico extra tuvo como consecuencia la aparición de algún que otro caso de obesidad, sobrepeso y altos niveles de colesterol. El comer se convirtió en un placer para paladares exquisitos, y la más pequeña e informal merienda era suficiente excusa para organizar degustaciones gastronómicas de altísimo nivel y dignas de los más afamados gourmets.
Su mantenimiento principalmente es raíces de dos o tres maneras, y búscanlas por toda la tierra; son muy malas, y hinchan los hombres que las comen. Tardan dos días en asarse, y muchas de ellas son muy amargas, y con todo esto se sacan con mucho trabajo. Es tanta la hambre que aquellas gentes tienen, que no se pueden pasar sin ellas, y andan dos o tres leguas buscándolas. Algunas veces matan algunos venados, y a tiempos toman algún pescado; mas esto es tan poco y su hambre tan grande, que comen arañas y huevos de hormigas, y gusanos y lagartijas y salamanquesas y culebras y víboras, que matan los hombres que muerden, y comen tierra y madera y todo lo que pueden haber, y estiércol de venados, y otras cosas que dejo de contar, y creo averiguadamente, que si en aquella tierra hubiese piedras las comerían. Guardan las espinas del pescado que comen, y de las culebras y otras cosas, para molerlo después todo y comer el polvo de ello.
Cómo los indios son prestos a un arma
Los indios que encontraron nuestros exploradores eran gente muy preparada intelectualmente -según los estándares de la época- y básicamente pacífica; dedicados con entusiasmo al yoga, la meditación, la filosofía, el estudio de la naturaleza, la observación empírica y la abstracción metafísica. Una vida contemplativa que era posible gracias a que no tenían que dedicar sus esfuerzos a la guerra; dedicaban su tiempo al estudio, desdeñando cualquier actividad física que implicara la violencia.
Esta es la más presta gente para un arma de cuantas yo he visto en el mundo, porque se temen de sus enemigos, toda la noche están despiertos con sus arcos a par de sí y una docena de flechas; el que duerme tienta su arco, y sino le halla en cuerda le da la vuelta que ha menester. Salen muchas veces fuera de las casas [...], y miran y atalayan por todas partes para sentir lo que hay [...]. Cuando viene el día tornan a aflojar sus arcos hasta que salen a caza. Las cuerdas de los arcos son niervos de venados.
La manera que tienen de pelear es abajados por el suelo, y mientras se flechan andan hablando y saltando siempre de un cabo para otro, guardándose de las flechas de sus enemigos, tanto, que en semejante parte pueden rescebir muy poco daño de ballestas y arcabuces. […] Muchas veces se pasan de parte a parte con las flechas y no mueren de las heridas si no toca en las tripas o en el corazón; antes sanan presto. Ven y oyen más y tienen mas agudo sentido que cuantos hombres yo creo que hay en el mundo. Son grandes sufridores de hambre y de sed y de frío, como aquellos que están más acostumbrados y hechos a ello que otros. Esto he querido contar porque allende que todos los hombres desean saber las costumbres y ejercicios e los otros, los que algunas veces se vinieren a ver con ellos estén avisados de sus costumbres y ardides, que suelen no poco aprovechar en semejantes casos.
Cómo se aprende a comer de todo estando fuera de casa
La televisión y los programas educativos tipo Gran Hermano nos han enseñado que, en cuanto se junta un grupo de personas, enseguida aparecen problemas de convivencia relacionados con la comida. Ahora podemos ver como solucionaron esta cuestión tan peliaguda: si todo el mundo pone un poco de su parte y da lo mejor de si; la comida puede durar meses.
[…] y los cristianos, viendo el tiempo que era, porque era por el mes de noviembre, pararon en este monte, porque hallaron agua y leña y algunos cangrejos y mariscos, donde de frío y de hambre se comenzaron poco a poco a morir. […] así se fueron acabando; y los que morían, los otros los hacían tasajos; y el último que murió fue Sotomayor, y Esquivel lo hizo tasajos, y comiendo de él se mantuvo hasta l de marzo, que un indio de los que allí habían huído vino a ver si eran muertos.
Conclusión
Lo que habéis leído no es más que una pequeñísima parte de todas las penalidades que pasaron. No era raro que se pararan a descansar y que en este intervalo, se murieran más de cuarenta hombres de enfermedades y hambre; o que tuvieran que beber agua de mar y acabaran muriendo cinco o seis por esa causa; y hay que tener en cuenta que eran casi constantemente acosados por los indios que, con razón, no se fiaban un pelo de aquellos hombres barbudos vestidos de manera tan extraña. Los caballos que llevaban, probablemente la única “ventaja” frente a los pobladores de aquellas tierras, se los terminaron comiendo durante las primeras etapas de la expedición por la falta crónica de alimentos.
En fin, gran homenaje a Cabeza de Vaca, que si bien es verdad que era un conquistador; por lo menos no era del tipo sanguinario al que estamos acostumbrados. Básicamente era un hombre honrado, como lo demuestra el hecho de que acabó en la cárcel por denunciar atropellos y abusos varios durante una estancia posterior en Paraguay. Homenaje también a Estebanico, uno de las cuatro personas que consiguió volver a España junto con Cabeza de Vaca, y primer negro (árabe) en pisar los EEUU.
El pasado lunes 7, la alegría ante el nacimiento de la posible nueva heredera al trono y su presentación pública ante los medios de comunicación, se vió acompañada y complementada con otro nacimiento: la nueva cadena televisiva “cuatro”. En mi entorno vivimos ambos acontecimientos con una alegría inusitada; ríos de champán regaron nuestras gargantas y nos aprovisionamos de enormes cantidades de confeti, en previsión de una jornada que se antojaba larga y llena de emociones, una celebración constante de este doble y feliz acontecimiento.
Felicidad uno
A las 12:40, en mi trabajo, la persona comisionada por el jefe de departamento hizo un anuncio en voz alta: “ya hay imágenes en internet de la nueva infanta”. Inmediatamente, dejamos nuestros quehaceres y nos agolpamos impacientes en el ordenador de la persona más envidiada de la oficina, aquella que había tenido la suerte histórica de contemplar, antes que nadie, el rostro de la infanta Leonor.
Los primeros momentos fueron desconcertantes, tras tirar los confetis de rigor, el ansia por ocupar un buen lugar desde el que contemplar las primeras imágenes provocó una cierta violencia; abundaron los codazos, pisotones, empujones y los malos modos. Me vi en la necesidad de imponer cierto orden, uno de los maleducados fue el gerente, abusando de su posición de poder y pretendiendo aprovecharse de su cargo, usaba todo tipo de artimañas para ocupar un lugar privilegiado. Con la excusa de que me había pisado, le di un rodillazo -estilo thai boxing- en todo el coxis, el caso es que ni se enteró que había sido yo, se alejó encorvado hacia su despacho exclamando: “ay, ay…que dolor, creo que me ha dado un lumbago de la emoción”.
Una vez visualizados y memorizados los rasgos faciales de la nueva heredera, todo fueron conjeturas: “se parece al padre”, exclamó uno; “pues yo creo que a la madre”, dijo otra. Las posiciones estaban enfrentadas y sin posibilidad de reconciliación. No era el único tema polémico: el origen de los bordados del vestidito real, cuanto duraría la baja por maternidad, el bienestar de la chiquilla con lo caro que está todo... incluso hubo quien mencionó que el bebé tenía los ojos cerrados porque no quería ver adonde nos iba a llevar el tema del estatuto catalán.
Nuestro jefe de departamento hizo lo que suele hacer en estas ocasiones, visto el ambiente festivo y que el gerente parecía que iba a estar de baja una temporada -según él, por problemas de lumbago-, me dejó encargado de todo, usando para ello la frase codificada “me voy a la central”, eufemismo que en nuestro trabajo quiere decir: “como soy el jefe, me voy con otros jefazos a tomar cubatas desde bien temprano, hasta mañana pringados”; este jefe me cae bien y yo, amistosamente, me despedí con un: “vete por la sombra y no te atragantes con las cigalas”. Para calmar los ánimos, organicé uno de mis famosos brainstorming, con un tema central: ¿Por qué es tan importante este nacimiento?...al final, como teníamos tiempo y ganas, acabamos con un interesante debate sobre la inevitable futura reforma de la constitución para derogar la Ley Sálica, esa ley anticuada que niega a los miembros femeninos de la familia real el derecho a la hipertensión, impidiéndoles la ingestión de sal.
Felicidad dos
El día, sin embargo, no había terminado; creo no exagerar cuando digo que si un nacimiento real es un hecho extraordinario, la aparición en el espectro televisivo de una nueva cadena es aún mejor que resultar agraciado con una lotería multimillonaria. Cuando los españoles nos enteramos de que un nuevo canal televisivo iba a hacer su aparición, de manera unánime se formaron espontáneas manifestaciones de apoyo a esta iniciativa. El optimismo se apoderó de todos y durante semanas vivimos en una nube de algodón, producto de la realización del mayor logro histórico que ha vivido la democracia. El interés común, la justicia social y el más estricto cumplimiento de la legalidad vigente hacía tiempo que pedían a gritos este nuevo canal. Todas las clases sociales esperaban, con inquietud apenas controlada, este gran momento y, por fin, iba a tener lugar.
Cuando llegué a casa, agotado por el anteriormente mencionado brainstorming, mi único aliciente era este nacimiento televisivo. Inmediatamente me percaté que mi churri había decorado la casa para la ocasión; teníamos invitados, pero yo sospecho que no buscaban nuestra compañía: querían ver el nacimiento en nuestra nueva y flamante pantalla gigante de plasma que habíamos adquirido -endeudándonos hasta las cejas- para la ocasión.
El nerviosismo me impedía comer ni un solo canapé, un desasosiego se apoderaba de todos nosotros al ver que la hora señalada se estaba acercando. Alguien intentó hacer tiempo hablando de la nueva infanta, pero inmediatamente le hicimos callar: aquel tema ya no era actualidad, no nos importaba lo más mínimo teniendo en cuenta lo que se avecinaba. Un silencio tenso se apoderó del ambiente, los nervios estaban a flor de piel; por segunda vez en el día hubo empujones para ocupar los mejores lugares. Como aquella era mi casa, puse unas sencillas reglas de comportamiento: “para mi el sitio más cómodo del sofá, mi churri a mi lado, ningún obstáculo que se interponga en mi campo de visión y todo el mundo con el pico cerrado”. Hubo algún intento de queja, pero mi expresión firme y decidida no dejaba lugar a dudas: o se hacía como yo decía o a la puta calle.
Llegó la hora anunciada para el mágico instante. Una voz anunció el hecho y -ante nuestros propios ojos- se produjo la mayor de las mutaciones y el suceso más portentoso que haya sucedido jamás en la historia de la civilización: el logo del canal plus desapareció para dar paso al logo de cuatro. Yo fui el primero que recuperó el aliento, inmediatamente descorché una botella de champán y con una alegría indescriptible empezamos a brindar. Después de los brindis vinieron los abrazos, las pequeñas rencillas desaparecieron y la alegría desbordó nuestros corazones. Los comentarios eran todos positivos “que bien se ve”, decía el vecino del quinto; “una nitidez perfecta”, aseguró el del tercero; “que tecnología”, exclamó el portero; “mirad el logo, pone cuatro”, dijo la abuela del segundo. Todo el mundo callado -grité yo-, hacía su aparición Iñaki Gabilondo y no quería perderme ni una sola de sus palabras: fueron fantásticas, que bien habla este señor.
Hubo un momento en que Luisito -el hijo de los vecinos del quinto-, consiguió arrebatarme el mando a distancia en un despiste, el pobre inocente cambió de canal y enseguida le reprendimos gritando todos a la vez “pon el cuatro, pon el cuatro”. Claro, el chaval ponía el canal 4, pero ese canal aquí ha estado ocupado siempre por la cadena autonómica. Hasta que encontré la solución: “pon el canal plus, el 7”, le dije con una expresión de se-lo-que-me-hago, el chaval me hizo caso y pudimos seguir viendo el canal cuatro. Hasta ésto lo han hecho bien, han sido muy inteligentes en elegir el nombre de la cadena; millones de personas tienen el canal cuatro en otro número. Según varios expertos, ésto no se ha hecho al azar; tener que pulsar el 7 para ver el cuatro, facilita la abstracción numérica y el cálculo mental avanzado. Dentro de poco, España se convertirá en una potencia mundial en cualquier campeonato de sudoku.
Tengo que confesar que estoy agotado por la elaboración de este buñuelo o churro de feria que os presento hoy, el esfuerzo tecleador ha sido increible. Imbuido por un afán investigador y rigor documental J.J.Benitezense, y una confianza en mis fuentes que podría calificarse de armamasivoaznariana; tengo el inmenso orgullo de presentar (en rigurosa exclusiva) este post. La exactitud histórica de todas y cada una de mis afirmaciones es tal, que reto valientemente a toda la comunidad académica a que rebata o encuentre un solo error en los datos que muestro a continuación.
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| Se le ve en la cara: un hombre tranquilo |
Hay personas templadas, personas tranquilas y pacíficas que por más que se les provoque, saben perfectamente controlar su ira y mantenerse serenos; tal vez tengan su propio estribillo personal, puede que sigan alguna religión que les impide la violencia, o que con unos simples ejercicios de respiración consigan expulsar los demonios violentos que todos los humanos llevamos dentro. Uno de los primeros pacifistas convencidos que llegó al continente americano desde Europa fue la persona que hoy nos ocupa, el hombre tranquilo con mayúsculas, el paradigma de la paz, el vasco -guipúzcoano de Oñate- que no conocía el significado del rencor o la venganza, el símbolo de la no-violencia: Lope de Aguirre.
Incapaz de matar una mosca, este vasco del siglo XVI, aunque no hay datos exactos que confirmen este extremo; probablemente andaba como esos monjes budistas que llevan una pequeña escoba de crin de caballo con la que van barriendo el suelo por el que pisan, para no dañar siquiera la más pequeña hormiguita. Ni en su más tierna infancia esta bellísima persona fue capaz del mas mínimo acto de violencia. Si la madre Teresa de Calcuta o Gandhi han tenido una reencarnación anterior, seguramente habrá sido Lope de Aguirre, persona no sólo famosa por su pacifismo exacerbado, tambien fue reconocido en su época por ser un hombre fiel, leal y tolerante con las ideas ajenas. Aunque fue hombre decidido, inteligente y resolutivo, no quiso aceptar ninguna responsabilidad que implicara el mando sobre personas, tal era su modestia que prefería acatar obendientemente todas las órdenes a verse en la necesidad de imponerlas a los demás.
Hay mucha información, más exacta que la que os he ofrecido, disponible sobre este personaje histórico. No hablaré de las pelis que hay sobre él; dando una vez más una muestra bien clara de mi afán cultural y de la total exactitud de los hechos que os he contado, me voy a decantar por un fragmento existente en una obra de Pío Baroja: “Las inquietudes de Shanti Andía”, libro que, si bien no tiene afotos ni imágenes -como a mi me gusta-, es muy ameno y se lee con facilidad (que gran maestro Don Pío). Al final del texto os pongo unos enlaces igualmente muy interesantes y tal vez más exactos históricamente, os recomiendo leerlos si os interesa el tema y la persona de Lope de Aguirre, el hombre tranquilo.
Llegó Lope al Perú, a mediados del siglo XVI, y tomó partido por Gonzalo Pizarro, en la rebelión de éste. Durante algún tiempo estuvo a sus órdenes, hasta que le hizo traición y ejecutó contra sus antiguos compañeros actos de una crueldad inaudita.
Era Lope hombre inquieto y turbulento, terco y mal encarado. Condenado a muerte durante una sedición, se evadió y tomó el oficio de domador de caballos. Buen oficio para poner a prueba su bárbara energía. A Lope le conocían, entre los soldados, por el apodo de Aguirre, el loco.
En 1560, el virrey don Andrés Hurtado de Mendoza confió al capitán vasco Pedro de Ursúa una expedición para explorar las orillas del Marañón en busca de oro. Lope fue uno de los principales jefes de la partida.
Una noche, el inquieto Aguirre, sublevó a la tropa expedicionaria, y él mismo cosió a puñaladas al capitán Ursúa y a su compañera Inés de Atienza, que era hija del conquistador Blas de Atienza. Lope asesinó también al teniente Vargas y dirigió un manifiesto a los rebeldes, que le siguieron. Los sublevados proclamaron general y príncipe del Perú a Fernando de Guzmán, y mariscal de campo a Lope de Aguirre.
Como Guzmán reconviniera a Lope por su inútil crueldad, el feroz vasco, que no admitía reconvenciones, se vengó de él asesinándolo y cometiendo después una serie de atropellos y crímenes.
A la cabeza de sus hombres, subyugados por e terror (ahorcó a ocho que no le parecían bastante fieles), bajó por el Amazonas y recorrió, después de meses y meses, la inmensidad del curso de este enorme río y se lanzó al Atlántico.
No contaba Lope más que con barcas apenas útiles para la navegación fluvial; pero él no reconocía obstáculos y se internó en el Océano. Lope de Aguirre era todo un hombre. Resistió en alta mar, cerca de Ecuador, dos terribles temporales en sus ligeras embarcaciones, y fue bordeando con ellas las costas del Brasil, de las Guayanas y de Venezuela.
Allí donde arribaba, Lope se dedicaba al pillaje, saqueando los puertos, quemando todo cuanto se le ponía por delante, llevado de su loca furia.El fraile de la flotilla se permitió aconsejar, suplicar a su capitán que no fuera tan cruel. Aguirre le escuchó atentamente, y atentamente lo mandó ahorcar. Sintiendo quizá remordimientos en su corazón endurecido, llamó a su presencia a un misionero de Parrachagua, para confesarse con él; y como el buen sacerdote no quisiera darle la absolución, ordenó lo colgaran, sin duda para que hiciese compañía al otro fraile ahorcado.
Los aventureros poco adictos a su persona iban sufriendo la misma suerte. De los cuatrocientos hombres que salieron con Ursúa, no le quedaban a Lope más que ciento cincuenta, y de éstos, muchos iban, por días, desertando.
Aguirre, al verse sin la tripulación necesaria para sus barcos, les pegó fuego, y luego se refugió, con su hija y algunos compañeros fieles, en las proximidades de Barquisimeto de Venezuela.
Allí, en el campo, en una casa abandonada, Aguirre escribió un memorial a Felipe II, justificándose de sus desmanes, y para dar más fuerza a su documento, lo firmó de esta manera audaz, cínica y absurda: Lope de Aguirre, el traidor.
Las tropas del rey, unidas con algunos desertores de Aguirre, fueron acorralando al capitán vasco como a una bestia feroz para darle muerte.
Quebrantado, cercado, cuando se vió irremisiblemente perdido, Lope, sacando su daga, la hundió hasta el pecho en el corazón de su hija, que era todavía una niña.
-No quiero –dijo- que se convierta en una mala mujer, ni que puedan llamarla, jamás, la hija del Traidor.
Después mandó a uno de sus soldados fieles que le disparara un tiro de arcabuz. El soldado obedeció.-¡Mal tiro!- exclamó Lope, al primer disparo, al notar que la bala pasaba por encima de su cabeza.
Y cuando sintió, al segundo disparo, que la bala penetraba en su pecho y le quitaba la vida, gritó, saludando a su matador con una feroz alegría:
-Este tiro ya es bueno.
Realmente, Lope de Aguirre, era todo un hombre. Después de muerto le cortaron la cabeza y descuartizaron el tronco; conservándose la calavera en la iglesia de Barquisimeto, encerrada en una jaula de hierro.
Enlaces con afotos, rápidos y fáciles de leer
Lope de Aguirre, la ira de Dios. Muy buen texto de Iakob Zvanev
Entrada en la Wikipedia sobre Lope de Aguirre
Carta de Lope de Aguirre al rey Felipe II
Bueno pues si habéis llegado hasta aqui (que sinceramente, me extrañaría) ya habréis visto que no he exagerado un ápice. Jamás se le oyó alzar la voz, ni sulfurarse por ningún motivo; el pacifismo era su lema y su estilo de vida, la violencia le horrorizaba y no podía soportar la visión de la sangre, por ello intentó toda su vida convencer a sus contemporáneos de las bondades de la alimentación vegetariana; si bien hay documentación que confirma que ingería leche y huevos, esos mismos documentos demuestran que acariciaba a los animalillos que se la proporcionaban y lo hacía con tal cariño y ternura que todos le adoraban y movían alegremente sus colitas o emitían ruiditos de alegría cuando Lope se acercaba a ellos.
Sirva este post como ambiguo homenaje a una persona, que si bien está considerada como uno de los primeros libertadores de América (tuvo las pelotas de enfrentarse a su muy católica majestad Felipe II), por otra parte miedo da pensar en lo que hubiera hecho con esa libertad, dado su pacífico caracter.
En una ocasión hablé en este blog de mi carácter vulcaniano, la lógica mueve todos y cada uno de mis pasos, reprimiendo mis sentimientos y convirtiéndome en una persona con una personalidad fría y distante, sin lugar para cosas que otros encuentran normales como el humor, el amor y tantas y tantas cosas acabadas en mor. Tengo que confesar que no siempre es asi: yo, cuando me pongo tierno y romántico -mostrando mi lado sensible y mi parte humana- no tengo rival. Podría dar numerosos testimonios de esta afirmación, pero me voy a limitar de una manera humilde y desinteresada (aunque se admiten donaciones), a dejarlo claro mediante un post en el que, de una vez por todas, se despeje este interrogante o duda sobre mi personalidad y a la vez traiga tranquilidad y sosiego a los cientos, tal vez miles, de blogs y foros de internet en los que esta duda es protagonista. Agarraos porque viene curva.
En estos tiempos digitalizados y frios, de incomunicación; lo impersonal ha ido ganando terreno y nos encerramos en nuestra propia parcela, nos creamos una coraza con la que nos defendemos de los ataques de la vida. Un desengaño amoroso, un problema laboral o económico, una desgracia familiar, la timidez, el descontento con nuestra propia imagen -o la que creemos proyectar a los demás- nos puede incitar a crear un vacío vital, una celda triste y oscura de la que tiramos la llave y en la que encerramos esos sentimientos para no dejarlos escapar nunca más.
Hay gente que busca la constante compañía de otros y que no soporta la soledad, ese encontrarse con uno mismo que yo considero tan necesario. Yo necesito -puede que a alguno de vosotros os suceda lo mismo- de vez en cuando y en completa soledad, reflexionar sobre el sentido de las cosas o sobre mi propia existencia. Estos periodos, que no tienen necesariamente que ser largos, me reconcilian con el mundo y me ayudan a aclarar mis ideas, haciéndome una persona mejor y más comunicativa. Algunas veces, en estos momentos solitarios, las lágrimas fluyen por mi rostro, desbordan mis conductos lacrimales y a la vez que limpian mis ojos, limpian mi alma de impurezas dando como resultado una persona mejor y más completa en todos los sentidos. Otras veces -ya me vais conociendo y lo podéis imaginar- aprovecho esos instantes para dar salida a mi personalidad sensible escribiendo poesía, versos privados en los que doy rienda suelta a mi imaginación desbordante. En otras ocasiones, aprovecho y cojo mi guitarra, componiendo meláncolicas canciones, piezas musicales que nunca verán la luz o canto piezas de cantautores olvidados, siempre con unos temas recurrentes: el amor, la soledad, la tristeza…la vida, al fin y al cabo. Cuando termino y guardo mi guitarra o mi cuaderno de poesía, siempre me siento mejor, dispuesto a enfrentarme a cualquier adversidad.
Hay otras nobles formas de arte que tienen ese bálsamico efecto de reconciliarme con el universo, como pueden ser la pintura o la fotografía. La contemplación de la belleza encerrada en las dos dimensiones de una imagen, puede hacerme soltar esa lagrimilla fugaz con la misma facilidad que una canción o un poema. El situarnos como espectadores de una obra de arte de este tipo, nos coloca en un lugar contemplativo privilegiado donde nuestros sentimientos meláncolicos y románticos, nuestra sensibilidad en suma, pueden aflorar al exterior. Pues bien, dejad que os muestre el máximo ejemplo, creo yo, de una imagen de este tipo, para que podais emocionaros como yo ante tanta belleza y para que, a la vez, tengais una muestra veraz de la sensibilidad que poseo y de la que tanto os he hablado.
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| En completa soledad...reflexionando sobre el sentido de la vida |
Bueno, una vez vista la imagen, podeis secaros las lágrimas (no diré de que tipo) que seguro que -como a mi me pasa siempre que la veo- habrán surgido al exterior. La soledad, damas y caballeros, esa sensación tan buscada y a la vez tan temida; esa persona solitaria, sensible sin duda alguna (sobre todo en la zona que yo me sé), que no duda en buscar un sitio alejado de todo y de todos para reflexionar y buscarse a si mismo, para reencontrar su lugar en un mundo cada vez más deshumanizado.


