En 1527 el gobernador Pánfilo de Narváez zarpó de Sanlúcar de Barrameda al mando de una flota de cinco navíos con destino a América. Su misión era la conquista de las tierras de La Florida. Cuando tras algunas peripecias consiguieron llegar, unos 300 hombres “tomaron posesión” de los nuevos territorios para mayor gloria de su majestad. A partir de aquel momento todo les comenzó a ir mal. Indios hostiles, mosquitos, malaria, disentería, naufragios, hambre, sed, frío, esclavitud…tras la muerte del gobernador, Alvar Núñez Cabeza de Vaca quedó al mando de la expedición; o lo que quedaba de ella. Perdidas todas sus pertenencias, ropas y armas; y tras seis años de cautiverio, él y otros tres compañeros lograron huir y se lanzaron a una peregrinación de ocho mil kilómetros a través de La Florida, Alabama, Mississippi, Luisiana, Tejas, Nuevo Méjico, Arizona y México.
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| La ruta de San Fernando: un rato a pie y otro andando |
Todos hemos pensado alguna vez en hacer un viaje por el sudoeste de EEUU, Cabeza de Vaca se adelantó a su tiempo y no tuvo otro remedio que protagonizar un “On the road” psicodélico de diez años de duración, un verdadero reality show de supervivencia extrema ante el cual nuestros problemas cotidianos parecen las quejas de unos niños pijos. Ante los alucinados ojos de los exploradores, se abría un mundo nuevo y desconocido; unas nuevas tierras, costumbres y gentes, que -como pasa en todas partes- en unos casos eran amables y hospitalarios y en otros, unos taimados y grandísimos cabrones.
Que me pasen un pdf con esta historia (Naufragios), no sé si considerarlo un favor o una putada. Aunque se entiende todo perfectamente, es castellano antiguo y nos encontramos con que la redacción es un poco farragosa y no hay ni un solo punto y aparte. Me ha ayudado mi afición por leer cosas antiguas, ya que nunca sabe uno cuando va a tener que viajar en el tiempo para resolver algún problemilla en el continuum espacio-tiempo, ya me entendéis. Aprovechad porque he seleccionado lo que me ha parecido lo mejor de entre lo mejor, y además, comentado por mi mismo; para un "mejor" aprovechamiento del texto.
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La isla del Mal Hado, la moda masculina
La isla del Mal Hado (East Island, Luisiana), donde Cabeza de Vaca disfrutó de una estancia de seis años, era una pacífica tierra llena de gente amable que suspiraba por hacer la vida agradable a todo visitante que pasara por allí. La moda masculina sorprendió a nuestros visitantes por su elegancia, sencillez y funcionalidad. El secreto del éxito se basaba en una combinación de: elección de materias primas de primerísima calidad y un corte sobrio y austero pero lleno de luminosidad; estos elementos unidos a unos discretos piercings, convertían a los indígenas en personas dignas de toda confianza a los ojos de unos exploradores europeos del siglo XVI.
La gente que allí hallamos son grandes y bien dispuestos; no tienen otras armas sino flechas y arcos, en que son por extremo diestros. Tienen los hombres la una teta horadada por una parte a otra, y algunos hay que las tienen ambas, y por el agujero que hacen, traen una caña atravesada, tan larga como dos palmos y medio, y tan gruesa como dos dedos; traen también horadado el labio de abajo, y puesto en él un pedazo de caña delgada como medio dedo.
Cómo se convirtieron en hombres-medicina en la isla del Mal Hado
La isla del Mal Hado (con el nombre que le pusieron no podía ser de otra manera) resultó ser un lugar encantador, lleno de lujo y confort y la práctica de la medicina se convirtió en una afición muy bien pagada; nuestros exploradores -gente muy bien formada en este campo- aprovecharon su estancia para ampliar estudios y experiencias, intentando alejar a sus amables huéspedes de usos y costumbres desfasados por las más modernas técnicas sanitarias del otro lado del océano.
En aquella isla que he contado nos quisieron hacer físicos sin examinarnos ni pedirnos los títulos, porque ellos curan las enfermedades soplando al enfermo, y con aquel soplo y las manos echan de él la enfermedad, y mandáronnos que hiciésemos lo mismo y sirviésemos en algo […] nos vimos en tanta necesidad, que lo hobimos de hacer […]. La manera que ellos tienen en curarse es ésta: que en viéndose enfermo, llaman un médico, y después de curado, no sólo le dan todo lo que poseen, más entre sus parientes buscan cosas para darle. Lo que el médico hace es dalle unas sajas adonde tiene el dolor, y chupanles al derredor de ellas.
Dan cauterios de fuego, que es cosa entre ellos tenida por muy provechosa, y yo lo he experimentado, y me sucedió bien de ello; y después de esto, soplan aquel lugar que les duele, y con esto creen ellos que se les quita el mal. La manera con que nosotros curamos era santiguándolos y soplarlos, y rezar un Pater noster y un Ave María, y rogar lo mejor que podíamos a Dios Nuestro Señor que les diese salud [...] Quiso Dios nuestro Señor y su misericordia que todos aquellos por quien suplicamos, luego que los santiguamos, decían a los otros que estaban sanos y buenos, y por este respecto nos hacían buen tratamiento, y dejaban ellos de comer por dárnoslo a nosotros y nos daban cueros y otras cosillas.
De la abundancia de aquellas tierras y las comilonas que allí había
La riqueza y abundancia en alimentos de las tierras americanas sorprendió a la expedición, y las costumbres culinarias indígenas fueron objeto de contínuos y grandes elogios; este aporte calórico extra tuvo como consecuencia la aparición de algún que otro caso de obesidad, sobrepeso y altos niveles de colesterol. El comer se convirtió en un placer para paladares exquisitos, y la más pequeña e informal merienda era suficiente excusa para organizar degustaciones gastronómicas de altísimo nivel y dignas de los más afamados gourmets.
Su mantenimiento principalmente es raíces de dos o tres maneras, y búscanlas por toda la tierra; son muy malas, y hinchan los hombres que las comen. Tardan dos días en asarse, y muchas de ellas son muy amargas, y con todo esto se sacan con mucho trabajo. Es tanta la hambre que aquellas gentes tienen, que no se pueden pasar sin ellas, y andan dos o tres leguas buscándolas. Algunas veces matan algunos venados, y a tiempos toman algún pescado; mas esto es tan poco y su hambre tan grande, que comen arañas y huevos de hormigas, y gusanos y lagartijas y salamanquesas y culebras y víboras, que matan los hombres que muerden, y comen tierra y madera y todo lo que pueden haber, y estiércol de venados, y otras cosas que dejo de contar, y creo averiguadamente, que si en aquella tierra hubiese piedras las comerían. Guardan las espinas del pescado que comen, y de las culebras y otras cosas, para molerlo después todo y comer el polvo de ello.
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| No sé vosotros, pero yo me iba a casita ahora mismo tal que por ahí |
Cómo los indios son prestos a un arma
Los indios que encontraron nuestros exploradores eran gente muy preparada intelectualmente -según los estándares de la época- y básicamente pacífica; dedicados con entusiasmo al yoga, la meditación, la filosofía, el estudio de la naturaleza, la observación empírica y la abstracción metafísica. Una vida contemplativa que era posible gracias a que no tenían que dedicar sus esfuerzos a la guerra; dedicaban su tiempo al estudio, desdeñando cualquier actividad física que implicara la violencia.
Esta es la más presta gente para un arma de cuantas yo he visto en el mundo, porque se temen de sus enemigos, toda la noche están despiertos con sus arcos a par de sí y una docena de flechas; el que duerme tienta su arco, y sino le halla en cuerda le da la vuelta que ha menester. Salen muchas veces fuera de las casas [...], y miran y atalayan por todas partes para sentir lo que hay [...]. Cuando viene el día tornan a aflojar sus arcos hasta que salen a caza. Las cuerdas de los arcos son niervos de venados.
La manera que tienen de pelear es abajados por el suelo, y mientras se flechan andan hablando y saltando siempre de un cabo para otro, guardándose de las flechas de sus enemigos, tanto, que en semejante parte pueden rescebir muy poco daño de ballestas y arcabuces. […] Muchas veces se pasan de parte a parte con las flechas y no mueren de las heridas si no toca en las tripas o en el corazón; antes sanan presto. Ven y oyen más y tienen mas agudo sentido que cuantos hombres yo creo que hay en el mundo. Son grandes sufridores de hambre y de sed y de frío, como aquellos que están más acostumbrados y hechos a ello que otros. Esto he querido contar porque allende que todos los hombres desean saber las costumbres y ejercicios e los otros, los que algunas veces se vinieren a ver con ellos estén avisados de sus costumbres y ardides, que suelen no poco aprovechar en semejantes casos.
Cómo se aprende a comer de todo estando fuera de casa
La televisión y los programas educativos tipo Gran Hermano nos han enseñado que, en cuanto se junta un grupo de personas, enseguida aparecen problemas de convivencia relacionados con la comida. Ahora podemos ver como solucionaron esta cuestión tan peliaguda: si todo el mundo pone un poco de su parte y da lo mejor de si; la comida puede durar meses.
[…] y los cristianos, viendo el tiempo que era, porque era por el mes de noviembre, pararon en este monte, porque hallaron agua y leña y algunos cangrejos y mariscos, donde de frío y de hambre se comenzaron poco a poco a morir. […] así se fueron acabando; y los que morían, los otros los hacían tasajos; y el último que murió fue Sotomayor, y Esquivel lo hizo tasajos, y comiendo de él se mantuvo hasta l de marzo, que un indio de los que allí habían huído vino a ver si eran muertos.
Conclusión
Lo que habéis leído no es más que una pequeñísima parte de todas las penalidades que pasaron. No era raro que se pararan a descansar y que en este intervalo, se murieran más de cuarenta hombres de enfermedades y hambre; o que tuvieran que beber agua de mar y acabaran muriendo cinco o seis por esa causa; y hay que tener en cuenta que eran casi constantemente acosados por los indios que, con razón, no se fiaban un pelo de aquellos hombres barbudos vestidos de manera tan extraña. Los caballos que llevaban, probablemente la única “ventaja” frente a los pobladores de aquellas tierras, se los terminaron comiendo durante las primeras etapas de la expedición por la falta crónica de alimentos.
En fin, gran homenaje a Cabeza de Vaca, que si bien es verdad que era un conquistador; por lo menos no era del tipo sanguinario al que estamos acostumbrados. Básicamente era un hombre honrado, como lo demuestra el hecho de que acabó en la cárcel por denunciar atropellos y abusos varios durante una estancia posterior en Paraguay. Homenaje también a Estebanico, uno de las cuatro personas que consiguió volver a España junto con Cabeza de Vaca, y primer negro (árabe) en pisar los EEUU.