Grandes clásicos: Benitez
Hay películas buenas con secuencias o partes muy malas; o al revés, películas o libros repelentes que tienen algún pasaje, capítulo, párrafo o como querais llamarlo que se puede salvar. Esto no sucedería nunca con el autor que hoy nos ocupa: J.J. Benitez, hombre de cultura universal y enciclopédica, afamado escritor-aventurero-investigador, arriesgado defensor de causas no sé de que tipo y sobre todo descubridor de todos los secretos que nos rodean.
No haré aquí un análisis detallado de su magna obra, más que nada porque no la conozco. Sin embargo, me creo con derecho suficiente a comentar dos párrafos de uno de sus libros, ya que hace unos años, aprovechando una colección de esas que se anuncian por la tele y se venden en los kioskos, adquirí (con dos cojones) dos de sus libros; aparte del intrínseco valor cultural eran perfectos para hacer bulto y cubrir un hueco de la extensa biblioteca (veinte contados) de mi salón. De esos dos libros, uno ni lo he abierto, en cuanto al otro: lo empecé pero no lo terminé (seguramente abrumado por tanto dato científico), sin embargo algo se quedó grabado, a fuego, en mi cerebro.
Este libro, que casi conseguí leer, es Caballo de Troya I. Por lo que puedo recordar, es 1973 y J.J. se encuentra con un alto oficial de un cuerpo secreto del ejército USA, este oficial decide confiar en nuestro escritor y le revela uno de los secretos más celosamente guardados de todos los tiempos: el viaje en el tiempo es posible y esa tecnología está siendo usada. En concreto el oficial cuenta con pelos y señales la operación Caballo de Troya, que consiste en retroceder en el tiempo hasta dias antes de la muerte de Jesucristo. El viajero, vestido con ropas de la época y hablando arameo creo que con acento griego (para despistar), se convierte en testigo directo de los últimos dias de Jesús y además lo filma con una especie de bastón con cámara incorporada.
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| Dramatización del "prodigioso sistema de traslación" |
Repito que no es mi intención polemizar sobre si estamos siendo visitados por seres del planeta X, si los dinosaurios convivieron con los humanos en el desierto de Atacama o si las estatuas de la isla de Pascua tienen propiedades anticatarrales. Me voy a limitar a copiar dos párrafos del libro, los que explican la tecnología que se usó para ese viaje en el tiempo, y, como dice él, dejar al hipotético lector que piense por si mismo y decida si estos parrafos son herederos directos de los estudios de gente como Schröedinger, o, caso contrario, parecen directamente sacados de las enseñanzas de Carlos Jesús.
Veamos los dos párrafos a los que me refiero, uno es un párrafo normal, con una nota que nos lleva al segundo, que está en el pie de página y donde se aclaran conceptos (menos mal):
A las 23:03 el computador central accionaba electrónicamente el sistema de inversión axial de las partículas subatómicas de la membrana exterior; empujando los ejes del tiempo de los swivels a unos ángulos equivalentes al retroceso deseado: 709137 días. En otras palabras, al 30 de marzo del año 30 (1).
(1) Ahorraré al hipotético lector de este diario la compleja operación que denominábamos “anclaje” y que el ordenador ejecutaba simultáneamente al proceso de inversión axial. Justo en esa fracción de tiempo, los swivels eran “removidos”, hasta que sus ángulos formaban parte activa de las nuevas coordenadas baricéntricas, vitales para “anclar la cuna” en el espacio correcto, complementario del “ahora” en el que se deseaba actuar. Este prodigioso sistema de “traslación” –que no estoy autorizado a describir- constituirá en el futuro un medio para salvar las inmensas distancias estelares, sin necesidad de arrastrarse físicamente por el espacio.
Bueno, algunos dirán que todo es correcto, otros dirán que no se creen nada y un último grupo dirá que necesita más detalles para poder formar una opinión. Yo, de momento, me voy a abstener...


Pilar dijo
Me sumo a tu abstención. Por el momento, parece lo más apropiado (vaya tela)
6 Julio 2005 | 12:21 PM