Echando un vistazo por encima a mis anteriores posts, he caído en la cuenta que prácticamente no he hablado de mi mismo, cuando veo que casi todo el mundo lo hace constantemente. Con objeto de subsanar este enorme vacío, he decidido abrir una nueva categoría: “Con toda modestia”, en la que pretendo dar algunas señas sobre mi persona, siempre desde una perspectiva amable, sin exageraciones de ningún tipo y sin caer de ninguna manera en el autobombo (faltaría más), de ahí el nombre de la categoría. Tengo la seguridad de que os será ameno y os hará pasar un rato agradable, por lo que tengo la absoluta certeza de recibir cientos o miles de vuestros comentarios para poder cambiar impresiones, conocer vuestras opiniones y convertir esta experiencia bloguera en un elemento de comunicación internetil lo más interactivo posible. Eso si, no esperéis que conteste ni lea vuestros comentarios porque mi tiempo es demasiado valioso.

Modestia y humildad; estas características me pueden definir y son las que yo llevo por bandera. Del mismo modo que os adelanto (y será tema de un próximo post en esta misma categoría) que soy un referente mundial en el amplio y complicado campo profesional de la informática (software y hardware), con la misma sencillez y timidez os comunico que tengo un físico perfecto. Brad Pitt a mi lado es una persona que resulta fea, contrahecha y llena de defectos. La estupenda simetría de mis rasgos faciales, el profundo azul acerado de mis ojos, mi sedoso cabello, la perfección de mi estructura ósea y la envidiable musculatura que adorna mi cuerpo serrano, hacen que -en cuanto salgo a la calle- me vea asaltado por cientos y cientos de fans del sexo femenino que me hacen proposiciones a cada cual más descaradas y que me veo obligado a rechazar amablemente; los gays ni se me acercan porque mi porte heteromasculino y varonil les impone un respeto tal que ni se les ocurre, no obstante no puedo impedir que me tengan por su ídolo. ¿Acaso me vanaglorio yo de estas características? Es evidente que no, mi humildad me lo impide. Os pongo un pequeño ejemplo: tengo los abdominales tan desarrollados que se me notan hasta cuando llevo pelliza, “como una tableta de chocolate” me suelen decir. ¿Hago alarde de ello?...pues claramente no.


Mis bronceados abdominales, tras un atracón de fabada y
mi ombligo: el centro del universo

Sin embargo, aunque ya he dado alguna pequeñísima pista sobre mi aspecto físico, creo que no ha sido suficiente; modestamente, aunque no soy propenso a ello y me cuesta horrores, creo que sería beneficioso para todos que continúe. No he hecho mención, por ejemplo, de la natural y atractiva carnosidad de mis labios, la cegadora blancura de mi perfecta dentadura o mis manos tan fuertes y sin embargo, estéticamente perfectas. Alguno y alguna pensará: “pero hombre...sigue, da algún detalle más”…bueno, es posible que haya algún detalle olvidado; pero yo soy demasiado humilde para mencionarlo. Y si lo mencionara sería a regañadientes y con la única voz que tengo: una voz de un timbre, tono y musicalidad que probablemente no exista otra parecida. En fin, un verdadero Adonis, un dios griego reencarnado en esta persona tan sencilla que de manera tan humilde os regala sus impresiones sobre si mismo.

Es verdad que, aunque no soy propenso a exagerar sobre mi persona (supongo que os estaréis dando cuenta), suelo despertar envidias y rencores entre algunos tipos de hombres. Hay algunos -pocos- que intentan provocarme, con la idea de conseguir así un mayor status dentro de esta manada de lobos salvajes que es la sociedad de hoy en día. Normalmente en estas ocasiones suelo convencerles con mi aplastante lógica, me basta con un par de frases y una simple mirada para que agachen la cabeza y metan el rabo entre las piernas, huyendo como conejitos asustados. En algunos casos, ésto no basta y entonces -como defensa y siempre como último recurso- me veo obligado a usar la violencia. Mi cuerpo, perfectamente musculado, me sirve como defensa y mis reflejos felinos y la innata contundencia de las galletas que muy a mi pesar reparto hacen que no me suelan durar más de un minuto. Suelo evitar estas ocasiones porque acabo llevando a mis contrincantes al hospital (es que además vienen en grupo) y es algo que me aburre sobremanera y me hace perder el tiempo.

Comprarme ropa suele ser ocasión para todo tipo de anécdotas. Las dependientas se desviven por atenderme, llegando a pelearse y discutir entre ellas; cuando voy a comprar una camisa o camiseta me traen varias tallas y es curioso: según ellas, las tallas pequeñas me quedan perfectas, ya que resaltan mi tórax, dándome un estupendo aspecto metrosexual; las tallas grandes, en cambio, me proporcionan un look de moderno grunge o rapero enrollado. Es difícil decidir que prenda llevarme, que queréis que os diga, aparte de que las dependientas no me lo ponen fácil, constantemente me soban intentando alisar inexistentes arrugas o pliegues de la ropa. Con los pantalones, tres cuartos de lo mismo, se ponen más nerviosas que nunca y me los intentan ajustar por delante y por detrás. Pero todo ésto se ve compensado a la hora de pagar; me cuelan por el morro -por grande que sea la fila de gente esperando a pagar-, ha habido veces que incluso me dan la ropa gratis con la condición de que vuelva por allí. Lo peor es a la hora de irme; es normal que les de pena, pero llegan a ponerse a llorar todas a la vez, suplicando que me quede un poco más. En estos casos las doy a cada una un par de besos en la mejilla y me lo agradecen dándome sus números de teléfono, como consecuencia de ésto tengo el móvil a rebosar de números de chicas guapas. Yo creo que es porque soy tan modesto, no se me ocurre otra explicación.

Bueno, aunque podría seguir así durante horas, en esta ocasión voy a dar por terminado el post. Me imagino que aunque os fastidia el que no siga, estaréis ansiosos por empezar a dejar comentarios y no seré yo el que os interrumpa ¿sabéis por que? …por mi gran modestia.