A la luz de un nuevo día
En ocasiones está bien alejarse de lo puramente lógico y racional para adentrarse en el campo del alma y de los sentimientos. Un toque más cercano y mundano es beneficioso para todos y mi cerebro positrónico agradece el descanso de procesar tanta información y explorar la parte humana que forma parte de mi personalidad. Es mi obligación avisar que ahora mismo me dispongo a divagar sobre el tema del título, y lo haré de una manera tan elegante, poética y apasionada que no me responsabilizo de posibles infartos.
El alba es uno de los momentos del día que yo prefiero. El nacimiento de una nueva jornada es para mí una oportunidad perfecta que me hace reflexionar. La diversidad de colores que se pueden observar en esos instantes traen a mi mente una gran variedad de sensaciones, y en ocasiones la belleza de un nuevo amanecer me supera, y mi espíritu -propenso a la poesía y la reflexión metafísica- encuentra una paz y una armonía interior imposibles de encontrar en la rutina de la vida diaria.
Es frecuente en esos momentos del día ver toda clase de personajes: juerguistas sin horario, delincuentes, prostitutas, vagabundos, insomnes, deportistas, repartidores y estudiantes o trabajadores madrugadores son algunos de los tipos que se entremezclan. Un grupo variopinto que solo tiene en común unos fugaces instantes donde la noche se junta con el día; donde la luz se abre paso en la oscuridad nocturna, y si para los nocturnos ha llegado la hora del reparador descanso, para los diurnos llega el momento del despertar a la actividad cotidiana.
La frontera entre la noche y el día. La luz de la luna y de las estrellas queda mitigada por el resplandor solar y, poco a poco, los colores se hacen más nítidos y durante unos instantes mágicos vivimos entre dos mundos. Dos mundos y dos sensaciones contrapuestas pero que inequívocamente van unidas. El frío y la soledad de la noche desaparecen, la luz y el calor del astro rey hacen que los seres humanos podamos mirarnos a la cara sin las brumas y sombras nocturnas. La irrealidad de la oscuridad deja paso paulatinamente a la luminosidad en la que vivimos. Esos mágicos instantes…
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Y es que a mi el amanecer me pone tontorrón y sensible, todo lo veo de color de rosa y -no me explico el porque-, siento un gran placer estético. Tanto placer, que muchas veces cojo mi gastado cuaderno de poesía, mi vieja y querida pluma; y me pongo a escribir unas rimas sobre este momento sin igual. Versos que, de alguna manera, intentan plasmar mis sentimientos y que comparto, desinteresadamente, con todos vosotros. Que mejor manera de acabar un día, o de empezarlo, que narices.
Queda claro de que hablaba, a que me refería,
ya suena la trompeta que anuncia el nuevo día.
Para ti, mi amada, soy un simple instrumento
Y por ti luzco…con orgullo, mis pelotas al viento.


la escapa·ratista dijo
Llego al trabajo, me conecto y ¿qué me encuentro? Poesía en estado puro.
Eres como el ferrero roché, querido Engelson, realmente me conquistas!
27 Octubre 2005 | 09:42 AM