Inocencia asnal
Me está costando mucho escribir una introducción para el post de hoy, podría decir que está nevando copiosamente y que la persona encargada de poner la calefacción está de vacaciones; como lo que no vamos a hacer es pasar frío, ahora mismo estamos haciendo astillas el mobiliario de oficina y nos disponemos a crear un reconfortante fuego en medio de nuestra planta. El inevitable ostracismo que se acerca a gran velocidad, la certeza del éxito actual, hechos verídicos…la realidad de ayer y de hoy hecha post.
Morir de éxito
Mi modestia me obliga a sacar el tema de haber sido mencionado en el blog de Borjamari. Para quienes no sepan quien es, diré que es un blog bastante conocido que se dedica desde julio de 2003, a hacer surf por bitácoras varias; para después hacer una crítica con puntuación incluida, desde una óptica de “Opiniones personales”. Yo tengo que admitir que lo sigo (cuando mi lector de feeds se entera de que ha actualizado, que normalmente no se entera); pues mira por donde que voy el lunes y veo que un blog de los que leo desde hace poco le enlaza porque tenía un post con un tema similar, y me digo a mi mismo “a ver que dice el hermano de pocholo”…
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¿Increíble, no? Realmente es un apartado en la parte derecha -donde están los que “Suben”-, me quedo con la incógnita de saber quien es Gonzalo del Castillo (me imagino que no es el obispo castrense de Bolivia). Gran alegría para mi modestia y para mis sponsors, a los que he comunicado una inmediata subida de tarifas si quieren que siga promocionando sus productos con mi proverbial habilidad publicitaria y mi magnética prosa, teniendo en cuenta el espectacular aumento en el número de visitas que se viene produciendo desde la aparición de esta reseña tan positiva.
En fin, que ya sabemos como va ésto de las críticas; si estamos de acuerdo nos parece que lo hacen bien y si no estamos de acuerdo enseguida le sacamos algún fallo. A mi de Borjamari me atrae su manera de escribir y casi me interesa más el post o la reseña en si, que la bitácora a la que se refiere en ese momento; pocas veces lo suelo comprobar. Ante la reseña de Borjamari, yo me limito a dar las gracias y avisar -de manera magnánima- que toda crítica hacia mi persona debe ser positiva, porque para críticas negativas me puedo hacer mi propia y cruel reseña…
La mirada del asno Un blog disperso, sin ideas, falto de contenidos e imaginación, batidora de estupideces y que no merece los diez segundos que se tarda en leer cada post. Un bluff y una estafa a la inteligencia de sus escasísimos lectores, que intuyo visitan el blog para intentar librarse de un “autor” que pretende patéticamente conseguir comentarios por el conocido método de insistir comentando en blogs ajenos hasta que éstos, aburridos y por educación, le devuelven la visita.
Cómo vieron a personas difuntas
En relación con mi anterior post, tengo que decir que me dejé algunas cosas muy interesantes en el tintero. Una podría ser la fabulosa aventura que vivió uno de los integrantes de la expedición: el fornido capitán vizcaíno Arnoldo Suarzeneche, que tuvo la oportunidad -en la jungla de Florida- de luchar con una extraña criatura a la que definió como “un diablo invisible de ojos brillantes que escupía fuego”. Otro fragmento es el que hoy os presento; no sé a vosotros, pero a mi estas dos historias me resultan extrañamente familiares.
Por señas preguntamos a los indios que tierras había más al norte, y ellos señaláronnos que había una provincia que se llamaba de Pensilbania y hacían seña de grandes temores y peligros, pues era la tierra de los indios zombises […]. Y a tres leguas de un poblado que los indios llamaban Pisbur, vimos muy en la lejanía un grupo de gentes que andaban despacio y caminaban como descoyuntados y mandamos a dos de nuestros guias para que los rescibieran […]. Y al ver la mucha tardanza, el gobernador mandó al capitán Jorge Romero, natural de Zafra, con tres arcabuceros. El capitán Romero [...] contó que al acercarse vió que los zombises comíanse nuestros guias [...] se comieron las tripas y los ojos y las narices y las caras y los brazos y aún roian sus huesos y se deleitaban comiendo sus partes y sus brazos y sus piernas. Y los zombises vieron al capitán y acercáronse y pudiéronles ver bien, porque ciertamente, parescían estar muertos porque muchos estaban podridos y con grandes llagas y heridas; dispararon con los arcabuces […] y uno mordió a José Molinero, nacido en Toledo, […] los disparos de arcabuz no les hacían daño y el capitán Romero dijo de dispararles a la cabeza y asín pudiéronles dar muerte y dimos infinitas gracias a nuestro Señor por habernos socorrido en tan gran necesidad, porque ciertamente aquellos zombises son malditos y demonios que muertos están andando entre los vivos.


alcachofazul dijo
Yo, desde luego, soy educado.
;-)
28 Diciembre 2005 | 11:42 AM