Unas imágenes emitidas por televisión durante este fin de semana han conseguido despertar mi casi adormecido instinto solidario. Unos escasos segundos catódicos en los que fui testigo de uno de los más terribles sufrimientos a los que una persona puede verse sometida. Lo que para cualquiera sería una insoportable tortura, para este personaje televisivo se convierte en una tímida mención a un ligero malestar, un estoico “sufro (mucho), pero dejadme con mi dolor que no quiero molestar a nadie”…

Me encontraba yo cómodamente reposando en el sofá cuando di por casualidad con uno de esos momentos mágicos que nos proporciona el zapping. En la pequeña pantalla apareció un avance de “Supervivientes” en el que, de repente, vi un rostro conocido. En posición tumbado sobre una toalla o estera y con grandes aspavientos y gestos de dolor, decía y repetía una y otra vez “aaah es insoportable, lo tengo en carne viva, aaaaarrgh que dolor, yo creo que se me va a pasar al otro moflete, uuuuuff maldito furúnculo…”. Si, amiguitas y amiguitos, éste fue el momento en el que tuve conocimiento de que Pipi tiene almorranas, y que este hecho debe ser considerado de interés nacional y motivo de solidaridad galáctica.

El programa Supervivientes consiste en que están en una isla o algún sitio parecido, que lo tienen bastante jodido por la poca comida, las condiciones de vida, la abundancia de simpáticos bichos chupapicadores y las pruebas que les ponen. La gente suele adelgazar bastantes kilos. Es divertido ver como se mosquean, como alguno se empieza a rajar al mismo día de llegar, como se dan puñaladas traperas o como se ponen a currar cuando la cámara está delante. Es un programa que saca lo mejor y lo peor de cada uno con el divertido aderezo de estar puteados en un entorno extraño y tropical. Me imagino que os suena el formato.

Al terminar el avance antes mencionado, inmediatamente miré a mi churridöttir -inagotable fuente de información en estos casos- que tuvo la amabilidad de explicarme que lleva así desde el principio del programa. No se sabe con seguridad si lo ha dicho un par de veces y lo han repetido mil o, como yo sospecho, lo dice mil veces al día. El caso es que dicha confesión y las circunstancias de ésta, provocaron en mi persona un inmediato instinto solidario, una gran preocupación por el estado del ojete de Pipi, un desmesurado interés por conocer todos los detalles en la evolución de unas almorranas que se han convertido en causa de insomnio para cientos de miles de españoles.

Pipi, persona de la que se dice que cobró cincuenta millones de pesetas por un paquete que incluía un “Salsa Rosa”, uno o varios “A tu lado” y -como parece- “Supervivientes”, es un famoso por derecho propio, de los que a mi me gustan, de los famosos con nivelón. Atractivo según dicen, con alerones en el pelo y periodista deportivo; su fama de exitoso don juan le precede. No puedo decir que me caiga mal, ni lo contrario. La escena antes comentada se clavó en mi celebro, mi mente reconstruía la situación y me imaginaba al periodista, presa del dolor, disimulando su sufrimiento con una esforzada sonrisa para que los espectadores y sus propios compañeros podamos seguir con nuestras vidas sin tener remordimientos de conciencia ante uno de los hechos más impactantes que recuerdo.

El ojete de Pipi, su “furúnculo” -como él mismo dice-, esas almorranas colocadas en salva sea la parte y que provocan mi solidaridad más completa y asnal. Ahí esta el tío, aguantando como un campeón ese intenso dolor en su ojete, reprimiendo las ganas de contárselo a todo el mundo, consiguiendo disimular su sufrimiento físico de una manera tan estoica que a su lado el Stallone más sufridor parece una niñita llorona de tres años, portándose como un auténtico caballero al ahorrarnos detalles y silenciar la penetrante pupita que le aqueja en el mismísimo agujero de su descansado culo de pijo engominado.

Yo soy una persona que -por suerte- tiene el culo en perfecto estado de revista, no me aqueja ese problema tan doloroso y molesto, pero me imagino que una almorrana, sometida al benigno clima tropical, tiende a convertirse en almorranón. Tiemblo al pensar en el trance por el que debe pasar esta persona, me lo imagino intentando aliviar su picor con un buen rascamiento en público -espero que T5 no nos prive de esas imágenes-, y posteriormente preparando con sus propias manos un higiénico tentempié comunitario, o comunicando elegantemente a sus compañeros “voy a refrescarme el ojete, que lo tengo como un bebedero de patos”. Me pongo solidario, no lo puedo evitar; fíjate tú como aguanta el tío, con el ojete en carne viva, sin que una queja salga de su boca, sin querer ni desear la lógica simpatía que provoca en todos nosotros un ano masculino dolorido.

Una persona que se puede ir cuando quiera del programa, pero que ahí está, como un verdadero cimmerio, regalándonos los sentidos y toda la sensibilidad en general con el interesante relato de sus penurias culeras. Intensos debates se producen en todo el estado: ¿debe la cadena ofrecer la cauterización en directo y sin anestesia de ese ano dolorido?, ¿le serviría de alivio que un mandingo superdotado le aplicara pomada calmante?, ¿debe haber un especial dedicado al magullado orificio rectal de Pipi?, ¿sacará beneficio económico de tener el cacas en un estado tan lamentable?, ¿costaría tanto ponerle una cámara web en todo el culo que nos informe al instante de los avances de ese marrón en el trasero?

Sirva este post como homenaje elegante y solidario al ojete de Pipi y al intenso padecimiento de una persona que, como tantos otros, sufre en silencio sus hemorroides. Ojalá que el agujero de su culo encuentre la paz y el frescor máximo, y que pueda regresar en breve a la madre patria para seguir informándonos -como todo un caballero- sobre la evolución de su ano, ese ojete torturado por el dolor y el sufrimiento más cruel del que se haya tenido noticia jamás en la historia de la humanidad.