Enésima vez en la triste historia de este brog que no sé sobre qué escribir, gastado ya el comodín del ojete. Menos mal que me queda el recurso del copia-pega. Con todo el morro del mundo, voy al blog de la bella albanta y recupero un comentario propio con un hábil Control+C. No me seáis cobardes y apuntaos que es bien fácil. Escrito al revés: primero el último párrafo, el último éste que estáis leyendo, cada uno de cien palabras, la última palabra de cada párrafo debe ser la primera del siguiente. Soy capaz de cualquier cosa por ahorrarme trabajo.

Trabajo y más trabajo…del trabajo a casa y de casa al trabajo. Aquel día decidió darse una alegría, algo de ese sexo que todos decían que era una cosa tan agradable. Paseó por el barrio chino de su ciudad y no encontró nada que le gustara, parecía que todas las feas se habían reunido allí. Aburrido, decidió irse y cuando estaba en la estación del metro la vió. Intentó colocarse en su campo de visión, inútil intento, no le hacía el más mínimo caso, siempre miraba hacia otro lado. El metro se acercaba, la estación entera empezó a vibrar.

Vibrar, si señor… aquella señorita le hacía vibrar, una auténtica vibración incontrolada ante la cual no había suspensión posible. Supo que algo había cambiado en su interior y también supo que algo grande se avecinaba. Decidió endurecer su cuerpo y su mente y prepararse para cualquier eventualidad. La música de Nawja Nimri le preparó para cualquier tortura física o mental, compró un práctico Magnum 44 a ese chulo portugués del barrio chino y se dedicó a machacarse bien machacado, ensayando posturitas ante el espejo. Ya solo le faltaba hacerse el encontradizo, coincidir con ella en algún sitio, solo faltaba el cuando.


Cuando se decidió a hablarla intentó olvidarse de aquel extraño y puñetero nudo en el estómago. Ahora solo quedaba saber que la iba a decir, seguramente no le interesarían cosas como la cadencia de disparo de ese nuevo modelo de subfusil checo, o la manera más rápida y silenciosa de cargarse a un centinela. Con la pinta de pija que tenía lo más seguro es que le gustaran cosas de mujeres, por lo que él sabía, a todas las mujeres les gustaba la misma cosa. No podía fallar, la llevaría a ver una peli porno, seguro que la haría feliz.

Feliz se sentía por haberla conocido, hasta justo aquel momento en el que a ella le había dado uno de sus puntos. Inútil discutir, así que decidió usar aquel estado de ánimo para metas más altas. Se cortó el pelo al estilo mohicano, se puso gafas oscuras de aviador, una chupa militar y empezó a frecuentar los mítines de aquel político tan asqueroso y que a ella tanto le gustaba. Comprobó personalmente su personal de seguridad, su apretado programa de actividades electorales y escogió el lugar y el momento adecuado para hacer lo que nadie más se atrevía a hacer...