La aparición en el desolador panorama mulero veraniego de una peli de vikingos y la coincidencia en la bajada del divx con la fabulosa realidad de poder verla totalmente solito, me llevó a preparar cuidadosamente el visionado de este film a fin de conseguir el apropiado estado mental berserker, o sea, que puse cerveza en la nevera y me dispuse a verla en pelotas, al estilo escandinavo y como póstumo homenaje cinéfilo a Bergman. La verdad es que no sé si se había intentado antes en el cine, pero una peli de indios y vikingos es algo que hay que ver, muy mala tiene que ser la peli para que no haya por lo menos un buen flezacho. Vikingos en América del Norte, qué buena idea, ambos grupos étnicos comparten una aficion común por pasearse a pecho descubierto en parajes fríos, y la combinación temática intercontinental nos asegura un rato entretenido de violencia inciso-punzante a la antigua, lástima que al final se quede en un eterno dvdscreener escaso en tonos azules y donde los vikingos van demasiado acorazados.

Destripamiento argumental

Una india encuentra a un chaval en un drakkar naufragado y encallado, el chaval intenta dejar clara su vikinguez levantando la espada hacia la india, pero ésta aparta la espada con dos dedos, lo abraza, le hace unos mimos y se lo lleva a su poblado donde lo adopta y pasan quince años. El chaval se ha convertido en vikingo con un poco cara panoli, el tío entrena con la espada porque tiene pescadillas recurrentes donde recuerda una matanza vikinga con abundantes decapitaciones, amputaciones y degüellos. Un día se va de caza, llegan los vikingos malos y matan a todos porque sí, el tío se mosquea, mata a uno y saca un ojo a otro, coge un escudo y se va corriendo a toda hostia. El vikingo al que le han sacado el ojo ordena que le sigan pero el chico se pone en modo escapar y baja una montaña en un arriesgado slalom con el escudo, se tira a un río, y sin hacer fuego ni secarse ni abrigarse, coge un caballo y se pone a cabalgar hacia las montañas herido por una flecha de sus perseguidores.


El vikingo, a pecho lobo pero con pantalones indios de enseñar culo

Al vikingo malo ya le han cosido la cuenca vacía de su ojo y quiere venganza, quiere matar muchos indios, asi que en pleno siglo VI los vikingos se internan en el continente americano para vengarse un poco y sembrar el caos y la destrucción. Unos indios de una tribu amiga encuentran al chico herido, le sacan la punta de flecha y le aplican la tradicional terapia de soplar sobre la herida. Los soplidos hacen su efecto y el vikingo les avisa que cuidao que vienen, y que ellos por ahí, que ya tirará él para el otro lado. Se pone a la tarea de poner trampas en el bosque, pero al final son los guerreros indios los que se ensartan en las estacas afiladas y son rematados ferozmente por los vikingos. El chico no lo manifiesta facialmente, pero está claro que se ha dado cuenta de la cagada cometida, los malos le cogen y él intenta conseguir el perdón de Manitú y recuperar el favor de Odín, guiándoles hacia las montañas por las trampas típicas de toda la vida, de las que se sabe que no van a fallar con unos vikingos o cualquier otro tipo de invasor germánico: el lago helado pero con una capa fina, el meterse en una cueva, el despeñarse en un paso estrecho y la avalancha de nieve y/o rocas.

El chico se ha agenciado una coraza ligera y les hace la trampa del lago helado, los vikingos caen a la primera, no es que piquen el anzuelo, es que lo devoran con ansia; el chico bucea largo rato con su coraza y su capa de grueso paño bajo esa temperatura helada y sale del agua porque se queda sin aire, no por tener frío, total que todavía mojados se ponen a escalar en medio de una ventisca, el chico les lleva por un sitio muy estrecho y hábilmente les sugiere que mejor ir encordados, al final les hace la del pulpo, mete una pedrada al último de la fila y los vikingos caen al vacío como gilipollas, remata la jugada con una avalancha y mueren todos menos uno, que le aguanta un poco pero que vamos, que está clarito que nada tiene que hacer ante el vikingo guía desfiladeral. Al final, como se ha enrollado con una india aristrócrata le hacen reverencias y todo y se queda vigilando con su espada, encargado para siempre del nuevo departamento de asuntos vikingos.

Definitiva conclusión asnal

Una película sobre una persona en la angustiosa y aeróbica búsqueda de su propia vikinguez, y que convierte esa búsqueda en hecho catalizador del descubrimiento de su guía-desfiladeridad. Abandonado desde niño en tierra extraña, el vikingo sólo tiene retazos de su vida anterior, pescadillas sobre la misma matanza una y otra vez, siente en su interior la poderosa llamada del acero pero su piel pálida de demonio extranjero le impide convertirse en un guerrero indio de pleno derecho. La llegada de los invasores, la muerte de toda su tribu y su gafe intento por seguir tácticas de combate indias, hacen despertar al vikingo que hay en él, tomando conciencia plena de su papel en este mundo: vengarse con el mínimo esfuerzo de unos invasores vikingos que previamente no han tenido piedad ninguna, iniciando asi una nueva saga nórdica y heróica, y convirtiéndose en el primigenio, el antecesor de todos, el genuino guía desfiladeral.

Película sumamente floja pero que se deja ver, remake de una película noruega del año 1987, este remake no cuenta con lo que en la versión original eran sus mejores bazas: el señorío interpretativo de un Amund Johnskareng en estado de gracia, o las impresionantes jetas semicongeladas de John Sigurd Kristensen e Ingvald Guttorm, a cambio nos ofrece unos vikingos que parecen sacados del ejército de Sauron en su eterna búsqueda del puto anillo. La escena por todos esperada, aquella en la que se comprueba que un arma de piedra no puede traspasar una cota de malla de acero, resulta por desgracia inocente y previsible en su planteamiento. A su favor tiene que se ve más de un drakkar y prácticamente están con el pico cerrado toda la peli -detalle muy de agradecer hoy en día-, el peinado con tupé de algunos indios, el uso de un gutural vikingo casi correctamente subtitulado y los vikingos malos, que dan la impresión de padecer de algún tipo de hirsutismo y que recuperan el espíritu de la peli original, en el sentido de que estás deseando que se quiten esos horribles cascos para poderles ver el careto, moldeado por miles de años de evolución para adaptarse perfectamente al frío y la rasca septentrional.