Para mi refinado gusto, hay una película que es de visionado obligatorio cada vez que la echan por la tele, una peli que me sumerge en un mundo onírico y de fantasía, casi de cuento de hadas. Se trata de "En busca del fuego", es verla y tirarme dos semanas emitiendo gruñidos fascinado ante su romanticismo, por la antigüedad de la pregunta "¿oye, tienes fuego?", y diciendo "dándara" cuando voy a comer carne . Una época preciosa y fascinante a más no poder, la ventaja tecnológica de saber frotar dos palos secos hasta conseguir fuego podía suponer la diferencia entre la vida y la muerte, entre morirte de frío y estar calentito en tu cueva degustando vísceras a la brasa de animales ya extintos, fabricando lanzas y endureciendo sus puntas al fuego con la seguridad que da el saber que cuando caiga la noche, la hoguera comunal alejará los demonios que viven en la oscuridad y reunidos alrededor del fuego, entre un embriagador aroma chotunal, podremos oir por enésima vez la historia de cómo Brrrt cazó en una ocasión un rinoceronte lanudo y vivió para contarlo hasta la avanzada edad de veinte años.

Argumento

Una tribu mesolítica de cazadores rastafaris de mamuts contempla con desagrado cómo hace años que no hay ni un sólo mamut disponible. Un día encuentran una niña de ojos azules, la vieja chamán del poblado tiene el correspondiente flipe visionario y anuncia que habrá una última cacería y que el cazador que mate a ese último mamut será el futuro compañero de la niña y se convertirá en el guerrero legendario que les muestre el camino a Sión. Años más tarde el chico consigue matar al mamut y, aunque está muy pillado con la de los ojos azules, renuncia a convertirse en la reencarnación de Jah ya que, según él, la muerte del mamut no ha sido mérito suyo sino más bien fruto del azahar. Unos egipcios que pasaban por allí, atacan el poblado y se los llevan cómo esclavos. Tras una increíble pateada intercontinental llena de vicisitudes varias, egipcios y cautivos llegan a Egipto seguidos de cerca por el chico y dos colegas, y son obligados a trabajar en el emergente sector de la construcción piramidal. El chico nuevamente se convierte en el protagonista de una profecía y esta vez encabeza un ejército prehistórico cuya misión es liberar a los esclavos de las garras de los malvados egipcios.

Conclusión asnal

La historia ciertamente es muy creíble, que el chico sea el protagonista de al menos tres profecías multiculturales es algo que sólo puede pasar en tiempos muy remotos, pero donde se han esmerado ha sido en la vida y rutina diaria de la tribu rastafari. El mundo de hace doce mil años vivía un periodo de transición, la última glaciación estaba acabando y con ella los últimos mamuts. El clan cazador-recolector rastafari, muy sabiamente, decide vivir en lo alto de una cadena montañosa, a tres mil metros de altura, ahí donde no crece ni la hierba y el viento y la rasca es constante, y lo hacen en pleno contacto con la naturaleza, a pecho lobo y con dos cojones. Que una peli nos muestre unos personajes mostrando voluntariamente los abdominales mientras a su alrededor se ve que hay frío y nieve confiere a la peli un barniz de credibilidad muy estimable, un film que muestre de manera correcta la resistencia al frío obtiene de manera automática mi aplauso más entusiasta; al fin y al cabo, la sensación de frío es algo subjetivo que, cómo la transmisión del conocimiento en el tema del partimiento del fruto del nogal, no deja de ser un rasgo cultural adquirido y no heredado, del cual, en estos tiempos civilizados, ya sólo nos queda la imagen idealizada de un ojal femenino eternamente frío y suave, orientado hacia el norte en lo alto de una montaña del Cáucaso.

Una peli de resultado fecal; una película que se podía haber hecho sola y que sin embargo se convierte en una mezcla sosa de Apocalypto, Stargate, Parque Jurásico y Los diez mandamientos. Qué pena de oportunidad perdida, qué falta de rigor histórico y científico por favor; no sé que es lo que me jode más: el que haya un único flechazo en toda la peli, el comprobar que el seguro médico rastafari incluía el blanqueamiento dental, o los flagrantes errores cometidos con el idioma klingon que usaban los egipcios de aquella época. No sé vosotros, pero si a mi me viene un egipcio hablando en klingon con ese acento imposible y conjugando de esa manera los verbos transitivos...más les habría valido a esos egipcios aprender a hablar sin hacer el aldeano, en vez de dedicarse a extinguir mamuts por usarlos cómo bestias de carga, pero que van a hacer los pobres, según la peli son descendientes de atlantes o extraterrestres que se han quedado sin la tecnología con la que han llegado hasta aqui, en todo caso tienen el lógico impulso de construir pirámides y edificios faraónicos, en mi opinión el único acierto de la peli. No queda claro en la peli los motivos por los que se ponen al tema de la construcción piramidal con tanto entusiasmo, pero ni falta que hace, si el jefe de los egipcios va vestido cómo de John Galliano cualquier cosa se puede esperar, eso ha sido un acierto cómo gran crueldad ha sido el mostrarnos el sufrimiento de la noble especie de los mamuts, qué buen rollo, qué nobleza en todos sus actos, qué cojones eran los pajarracos gigantes esos que les atacan cuando llegan a la selva...joder pablito, si lees esto por favor a ver si pones un poco de luz en este tema porque estoy ya nervioso...¿pajarracos gigantes velociraptores?, ¿osos polares disfrazados de pájaros?. En fin, que la peli tiene sus fallos, cómo el de que no se vea un flechazo hasta casi acabar, pero dentro de su marronez atesora momentos de esos que quedan grabados, cómo cuando el chico y la chica están en el poblado de la montaña, la tía abrigadita y tal, y el tío poniendo cara cómo de que no hace frío mientras están ahí de charla todo formales viendo cómo anochece y corre el aire sin camiseta ni nada, si yo hubiera sido el guionista, en ese justo momento al tío le entraría un apretón y aparecería una manada de mamuts colocándole en una dualidad guapa entre giñar o ser un héroe, o sea, que la peli se puede mejorar pero no por ello deja de ser un espectáculo en el que un espectador atento encuentra momentos y detalles de verdadero éxtasis cinematográfico.