Normalmente, cuando la gente intenta hacerme un relato de sus pasadas vacaciones, pongo mi cara de atención y asiento con amabilidad mientras mentalmente repaso alguna ecuación que ayude a los colegas que investigan el tema del Gran Colisionador de Hadrones, tengo gran experiencia en ambos campos. Sin embargo, cuando yo cuento mis vacaciones no me limito a contar alguna anécdota chorra, sino que presento pruebas; si vosotros sois de esos que volvéis de las vacaciones y os ponéis a exagerar, moved vuestros traseros hacia un blog más "normal", aqui nos dedicamos a temas más serios. Os presento, en formato postal, una anécdota veraniega interesante y casual.

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Tal y como sospeché desde el principio, aquello era una nave espacial. Estaba yo solito en un pasillo que se curvaba ligeramente hacia la izquierda, después de mucho andar la curva se hizo más pronunciada y me encontré en una sala circular. Allí estaba aquel ser, tenía tentáculos y entre los tentáculos sostenía una especie de bola cómo de agua, parecía agua, una extraña bola de agua digitalizada sostenida por una aún más extraña criatura tentacular. Durante un tiempo, con la mano en la barbilla, estudié detenidamente aquella criatura y decidí intentar comunicarme con ella, recordé que en una de mis busquedas en gúgel había llegado a una página en la que se decía que hay un consenso entre la comunidad científica acerca del idioma humano más correcto para entablar contacto con una inteligencia extraterrestre, asi que pregunté a aquella entidad: "quesque vu-vulé?", la criatura movió los tentáculos alegremente, eso me animó e intenté matizar mi pregunta, enriquecerla para que asi el contacto fuera más fluído: "quesque vu-vulé esaztemán?". Esta vez el intento fue un rotundo éxito, aquel ser movía sus tentáculos de manera muy expresiva, sin duda alguna, ese haitiano y el acusado acento criollo con el que yo estaba intentando comunicarme, habían conseguido romper la lógica barrera intercultural que nos separa a nosotros, los humanos, de estas criaturas maravillosas venidas de tan lejos y que tienen tentáculos con los que sujetan una bola de agua digital.

Pues eso, la comunicación estaba ahí y yo aproveché aquella oportunidad, aquel ser extraordinario me contó -con expresivos movimientos de sus gráciles tentáculos- que venía de muy lejos, que su civilización estaba en plena decadencia y que había sido enviado aqui en busca de ayuda, "joder" pensé yo, ¡qué fabulosa ocasión se me presentaba!, ¡y qué hábiles habían sido al ponerse en contacto conmigo!, charlamos largo rato sobre muchos temas hasta que la entidad -a la que ya consideraba mi amigo-, en respuesta a una pregunta que le había planteado yo, me explicó que sus naves funcionan aprovechando al máximo los elementos químicos resultantes del cocimiento del organismo vegetal al que nosotros llamamos coliflor. Entonces caí en la cuenta que aquel era el particular aroma que inundaba sutilmente toda la nave. Apenas pude disimular mi alegría cuando dispuse de unos momentos para reflexionar: ahí estaba yo y fijaté, iba a ser el protagonista de un importantísimo intercambio cultural, por mi parte no iba a escatimar esfuerzos, estaba dispuesto a estrujarme el celebro al máximo a fin de que aquel fabuloso ser tuviera éxito en su misión, en lo que a mi concierne y hasta que a mi me diera la gana, haría un enorme esfuerzo intelectual y pondría a su disposición todos los datos disponibles acerca del tema de la cocción colifloral.